Death by Rock and Roll - Cap 9
>>Por la mañana yo desperté primero y pasé largo
rato disfrutando simplemente de la respiración de Celeste contra mi nuca. Aún
me abrazaba con fuerzas y el sol ya alumbraba largamente la hermosa habitación
con su luz matutina y regular. La calefacción del cuarto seguía prendida y
nuestros cuerpos estaban destapados casi al completo. Tomé mi móvil de la
mesilla de noche y pedí el desayuno, que teniendo en cuenta lo lejos que
quedaba la estancia donde parábamos, tardaría en llegar. No voy a mentirte, me
hubiese gustado poder levantarme en silencio y preparar para ambas algo
caliente y sencillo, con mis pocas capacidades culinarias, para que compartamos
en cama mientras observábamos el amanecer trepar por encima del ventanal
mientras se llevaba con su calor la neblina del bosque, pero por el momento,
tendría que bastar aquello.
>>Pocos minutos más tarde ella despertó y comenzó a
besar mi espalda mientras me apretaba contra su cuerpo. Reí por su arrebato de
ternura matutina y me giré para corresponder sus mimos y besos con similar
ternura —Buenos días, hermosa —dije y contemplé su rostro inexpresivo. Allí a
la luz matutina parecía una de las estatuas renacentistas más hermosas que se
hubiesen conservado jamás, su condición sobrehumana evidentemente quedaba
expuesta con mayor claridad a la luz del sol y de no ser por como su aliento
golpeaba mi piel a cada respiración hubiese pensado que estaba tallada en
mármol por el mismísimo Giovanni Strazza, su imagen era un enaltecimiento de La
Virgen Velada, con rasgos más bellos y sin nada que los cubriese, deleitándome
y enamorándome a cada instante. Entonces algo acudió a mi mente. Abrí los ojos
con asombro y la miré con miedo y curiosidad —¿El sol no te lastima?
>>Ella soltó una risilla y pegó su rostro a mi
pecho, con gesto despreocupado, dándome un tierno beso en la clavícula marcada
bajo mi piel —Soy una proscrita, no es importante que lo entiendas ahora, pero
eso significa que no. Si estoy saciada solo el fuego puede matarme, el sol solo
acusa mi inmortalidad y me molesta un poco. Te pasará a ti también. Quizás
tengas que usar lentes oscuros al principio, hasta que tu sangre gane poder
—contestó mientras acariciaba mi espalda —… pero no hablemos de eso ahora, por
favor. ¿Cómo descansaste, amor mío?
>>El desayuno llegó y recibí al muchacho con la
camisa que la noche anterior había quedado abandonada en las escaleras, sus
ojos fueron un poema tan elocuente que apenas se llevó una pobre de propina y
aun así estoy convencida que deshizo el camino con alegría.
>>Nos vestimos casuales y nos maquillamos juntas
antes de bajar a calentar mi desayuno y salir al patio a tomarlo en la galería
exterior. Hablamos de tonterías, de la niebla y su caricia, del sol, de música,
de teatro y cine. Sencillamente llenamos el silencio, pues la conversación no
importaba realmente, lo que era clave era la compañía… y era buena.
>>—¿Sabes que le falta a esta casa? —preguntó en un
momento, sin venir a cuento de nada. Alcé los ojos para mirarla y arqueé las
cejas —Juguetes
>>—¿Qué? ¿Juguetes?... Ah, ya veo por donde vas
>>Ambas sonreímos con picardía. —Hay un sexshop en la ciudad aquí cerca. ¿Te
apetece echar un vistazo? —Preguntó —Además tengo que cazar, tu sangre me llama
a gritos y estoy tentada desde que abrí los ojos y te vi a mi lado.
>>Aquel comentario me provocó un escalofrío y a
pesar de ello supe que lo decía como un cumplido —Nada de morder —dije con tono
bromista, señalándola con el tenedor de plata
>>Ella enseñó los colmillos —No sabes lo que estás
pidiendo, diablilla —dijo y se echó a reír.
>>Acabé el desayuno y tomamos las llaves de un
Mercedes Benz del amplio garaje y me subí al volante. Conecté mi móvil al
reproductor y dejé que eligiera música el resto del viaje. Paramos en una
gasolinera y ella se bajó del coche camino a los tocadores, algo que no le
había visto hacer hasta entonces, pero al verla regresar con la piel de un
color más humano supe que había parado a alimentarse a su cruel modo. No dije
nada al respecto, pero me imaginé de inmediato besando aquellos labios rojos y
tuve que apartar la imagen de su cuerpo desnudo de mi cabeza antes de continuar
el viaje.
>>La ciudad era poco más que tres calles de
tiendas, una plaza y un anfiteatro con barrios residenciales rodeando aquello y
amontonándose torpemente por estar lo más cerca posible de la calle principal.
“Un pueblo venido a más” podría decirse, Forestgates se llamaba y hasta que no
vi el cartel a un costado de la carretera coronando la entrada al lugar, que
consistía en una garita de información turística y poco más, no había oído su
nombre jamás. Aún con todo, era pintoresco y había en él un aire victoriano bastante
atrayente. Incluso en el “centro”, los edificios de las tiendas eran antiguos y
la humedad se hacía presente en los aleros y los pisos altos, coronados con
balcones enrejados al viejo estilo gótico. Había gente suficiente como para
pasar desapercibidas, pero no demasiada como para que en aquel rincón de
Inglaterra los jóvenes no migraran desesperados a la capital. Probablemente
todos allí se habían cruzado con sus vecinos y al vernos bajar del Mercedes S
Class negro varios ojos repararon en nosotras, vestidas de negro y cuero y
Celeste con su aire sobrenatural siempre rodeándola y delatándola como alguien
de su propia especie. —Te sorprendería lo mucho que los mortales hacen por no
ver las cosas tal cual son —me dijo al presentir mi pensamiento y tras andar un
rato vagando aquellas calles juntas de la mano acabé por tranquilizarme. Eran
pocos los que animaban miradas indiscretas hacia ella y la mayoría se fijaba
más en nuestras figuras jóvenes y hermosas que en el aura de la vampira. Por
otro lado, ella contemplaba a los transeúntes con aire calculador, como
disfrutando de su presencia y sus rostros, viendo más allá de donde mis ojos
llegaban a seguirla, gesticulando con cada nuevo descubrimiento. Así pasamos
frente a los lugares que ella había visitado el día anterior y me fue contando
su viaje por las tiendas de ropa del pueblito, que si debo ser honesta, eran
demasiadas para la cantidad de habitantes que debía haber tenido aquel lugar.
>>Paramos a almorzar en un restaurante de pintas
campestres y pedimos comida para dos y bebida para varias más. Celeste no tocó
su plato, que acabé por comer yo. Y pasamos allí un buen par de horas. Ella iba
contándome los diálogos que captaba con su hiper-desarrollado oído y ambas
disfrutábamos discutiendo los más ridículos chismes del pueblo, al parecer iba
a haber allí una fiesta anual de índole folklórica y esperaban grandes
cantidades de turistas llenando las calles era el plato del día entre los
asistentes al local, otras habladurías recurrentes hablaban de un supuesto
camello muerto el día anterior y la misteriosa desaparición de toda su
mercancía. Miré a mi compañera y esta levantó la copa —Siempre al servicio de
la comunidad —se burló.
>>Nos fuimos sin pedir la cuenta y dejando dinero
en la mesa suficiente como para pagar varias veces lo que comimos y bebimos,
habíamos llevado bastante del tesoro en libras de los finados de nuestra
hacienda. Al salir al pueblo nuevamente recorrimos las calles secundarias y
vimos un par de clubs que acordamos visitar alguna noche de aquellas y luego
paramos en el anfiteatro, que al parecer era un monumento en sí mismo y nos
maravillamos con la arquitectura antigua de la iglesia, con su cúpula interior
pintada en óleos renacentistas. El Padre se sobresaltó del susto al vernos
vagar por el palacio de su señor con las pintas que llevábamos, pero guardó un
prudente silencio. Caminamos un rato más y nos detuvimos en un puente bajo el
que discurría un arroyo amplio a fumar un cigarro y luego volvimos al centro
del pueblo cuando la tarde caía.
>>Entramos en la galería que marcaba el corazón del
movimiento del lugar y la recorrimos tranquilamente, ella me regaló un collar
con una cruz de plata que le pedí y yo le compré unas botas de cuero negro,
caña alta y hebillas de acero y perlas que se había parado a contemplar sin
decir nada. Miramos largo y tendido la tienda de tatuajes al fondo del lugar y
antes de salir subimos al segundo piso.
>>Como casi todos los sexshop, este era horrible. Tenía unas vidrieras demasiado oscuras
y unas luces rojas genéricas que dejaban demasiado a la imaginación, a día de
hoy el sexo sigue siendo un tabú estúpido y en aquel pueblo de leñadores
imagino que mostrar un dildo en una vitrina hubiese alarmado a más de una
señora, pero de todos modos me indigné al ver los oscuros cristales y el aura
misteriosa que tenía el lugar, aunque a decir verdad, por dentro no estaba tan
mal, estaba bien ventilado y había gran variedad de productos para elegir,
puestos en el decorado con buen gusto y con maniquíes bien presentados. Celeste
iba cogida de mi mano y comenzamos a revisar todo cuanto nos llamaba la
atención. Tomé un tubo de lubricante y dos straps
antes de que la voz del dependiente nos sorprendiera —Hola, chicas ¿Cómo
puedo ayudarlas? —dijo y nos giramos al unísono, el muchacho era bello, de
cortos cabellos castaños, bien arreglados en un corte moderno, mandíbula ancha
y fuerte bajo una barba tupida pero bien recortada y enmarcando su rostro de
labios y nariz anchas. Tenía el cuello y los brazos tatuados, dejando a la imaginación
el resto de su tinta bajo la camiseta negra, ceñida al cuerpo. No era
musculoso, pero no estaba excedido, su cuerpo era normal y encantador, de
piernas anchas, marcadas por sus jeans ajustados y sin verlo de espaldas ya
pude adivinar que su culo era bastante apetecible. Hizo una mueca al vernos y
me sentí alarmada. ¿Habría visto algo en Celeste? —Disculpa… —articuló,
eligiendo las palabras —¿Eres… Taylor Momsen? —preguntó sin creer lo que estaba
diciendo.
>>Reí con alivio y me encogí de hombros —La última
vez que lo comprobé lo era, sí —Me burlé y le sonreí con sinceridad.
>>—No lo puedo creer ¡De verdad eres tú! —espetó
abriendo grande los ojos, su rostro era terriblemente expresivo —¿Puedo pedirte
una foto? ¿Un autógrafo?
>>—Un autógrafo sin problemas. La foto preferiría
si podemos evitarla. Estoy intentando un escape, si sabes a lo qué me refiero
—contesté con un tono ensayado que sonaba arrepentido y firme.
>>—Claro, esto… déjame atenderlas primero. ¿Qué
buscaban?
>>—Nada particular —intervino Celeste con su voz
dulce cortando el aire —. Llevamos esto por ahora—dijo, entregándole al
muchacho los artículos que habíamos tomado — y queríamos ver algunos dildos si
no te importa mostrarnos y Cuerdas.
>>—Y velas —agregué con tono urgente.
>>El muchacho nos hizo un recorrido completo por
todas las estanterías de la estancia y nosotras fuimos eligiendo todo cuanto
nos llamó la atención y agregándolo a la cuenta, pero lo más remarcable que
puedo decirte que llevamos fue una cantidad abundante de las cuerdas que mi
amante había pedido. No me gustaba mucho la idea que pudiese tener con ellas,
pero no dije nada mientras el chico armaba tres grandes bolsas con todo lo que
habíamos adquirido. Entonces se me ocurrió una idea —¿Hacéis trajes de latex a
medida? —pregunté observando a Celeste y llenándome de deseo al imaginarla con
una reluciente vestimenta de ese estilo reflejando la luz lunar en cada curva
de su hermosura.
>>—Claro, pero suele tardar algunos días en llegar.
Hay que pedirlos a Londres. Puedo ofrecerte… —comenzó a buscar bajo el
mostrador y extrajo de allí un portfolio con distintos estilos de aquellos
exóticos disfraces —…en estos modelos
>>Comencé a pasar las páginas y al final me decidí
por uno completo pero sin máscara, de cuello alto, pies a medida y con corsé
incluido —Éste —dije poniendo la mano sobre la página y mirando a mi compañera,
a ver si estaba de acuerdo. Ella rió y dejó que el chico le tomase las medidas
completas. Por suerte la luz era baja y la piel de la vampira apenas destacaba.
Mientras el dependiente, con sus lentes anchos, que le daban un toque seductor
y maduro, anotaba en su libreta todos los números de mi acompañante.
>>Cuando hubo terminado y se preparaba para llevar
la hoja al mostrador, para pasar luego el pedido, Celeste lo detuvo. —Ahora a
ella —dijo señalándome con la cabeza, sonriendo con lascivia —Te quiero en uno
igual.
>>Me acerqué a donde estaban y seguí las órdenes
del joven, que parloteaba acerca de la calidad de los trajes de aquella empresa
antiquísima mientras sostenía mi pie y comenzaba a tomar las medidas de mis
dedos. ¿Te gusta?. Me llegó la voz de
Celeste. Tragué saliva, miré al hombre y no tuve que pensar mucho antes de
mirarla y encoger los hombros mientras hacía una mueca, era un tipo bonito, no
había más, pero de ahí a atraerme realmente… A él le gustas. Mucho. Realmente mucho. Volví a echarle un vistazo
y vi como inclinaba hacia atrás las caderas mientras sostenía la cinta
alrededor de mi tobillo para esconder una erección. Está pensando en las cosas que planeamos con todo esto desde que nos
vio llegar. Antes de reconocerte incluso. La miré, esperando que
continuase, realmente no sabía cómo hacerle llegar mis pensamientos de forma
clara o precisa, pero quería escuchar su propuesta. Te dije que hoy íbamos a comenzar a prepararte: a mí también me gusta.
Su sangre huele exquisita. Vas a llevarlo a casa. Si te atrae, vas a meterlo a
la guarida del vampiro.
>>Lo observé una vez más: Ciertamente era
atractivo, y estaba tatuado, aquello automáticamente ganaba terreno, además era
dulce y delicado en su trato, tenía manos suaves y voz cálida y a pesar de que
me hubo reconocido y al parecer se sentía atraído por nosotras, guardó
prudencial respeto. Era a todas las luces del prejuicio un tío al que en
cualquier otra circunstancia me follaría más de una vez y con gusto además. Sus
ojos encontraron los míos cuando apretó la cinta alrededor de mi muslo —¿Lo
quieres un poco suelto? ¿O que apriete?
>>Sonreí —¿Cómo me lo recomiendas?
>>—Yo… apretado siempre es la opción más elegida,
es mucho más estética además, pero es más difícil de colocar y retirar, ¿Sabes…
>>—¿Cómo crees tú que me vería mejor?
>>El abrió los ojos grandes un segundo, como si no
creyera el rumbo que tomaba la conversación y miró a Celeste con curiosidad
>>—Ajustado entonces —dije atrayendo de nuevo su
atención. El asintió y tomó notas. Puso la cinta alrededor de mis nalgas y yo
busqué en todo momento su mirada —Aquí hay menos que en mi chica ¿No crees?
>>El volvió a girar el rostro, como buscando auxilio
en la vampira, que soltó una carcajada por su honradez.
>>—Habrá menos, pero es más apetecible. ¿No te
parece? —me apoyó ella, dándole el visto bueno al dependiente que comenzaba a
sonrojarse, estaba hermoso con aquel rostro asombrado, me dieron ganas de
cubrirlo de besos allí mismo, pero si quería llevarlo a nuestra casa debía
tentarlo, no darle el premio completo.
>>Sentí remordimientos por lo que sabía que iba a
pasarle, imaginé que de no habernos demorado en la ciudad, aquel tío podría
haber seguido con su vida tranquilamente y nunca hubiese sabido de nosotras ni
hubiese caído presa de los juegos de la vampira, pero si te soy sincera, en
ningún momento pensé en detenerme.
>>—Es un hermoso culo, señorita —bromeó sobre su
amabilidad con un tono exagerado, ahora tranquilo de que Celeste le hubiese
dado el visto bueno para coquetear —. De no ser porque respeto mi lugar de
trabajo ya hubiese explicado con las manos cuánto me gusta —Me sonrió con unos
blancos dientes y siguió anotando en su libreta.
>>El resto de las medidas continuó con similares
comentarios tontos y cuando tomó las de mi cuello le miré fijamente a los ojos,
mordiendo mi labio inferior, provocando un escalofrío en él que me hizo saber
triunfante. Llevó ambos papeles al mostrador y le seguimos para pagar por todo.
Muy caro, por cierto, pero no importó.
>>Cuando íbamos a despedirnos tomé el rotulador del
mostrador y miré al muchacho —Ven a por tu autógrafo
>>Tomó un papel de la libreta y se acercó a nuestro
lado del oscuro mueble. Bajé lentamente para quedar de cuclillas frente a él
que me miró con los ojos saliéndose de sus cuencas y la boca entreabierta.
Llevé la tapa a mi boca y destapé la pluma con lentitud, volviendo a colocar el
capuchón en la parte trasera de la misma —¿Puedo firmar aquí? —pregunté pasando
mi mano por su abdomen
>>Él se levantó la camiseta sin dejar de mirarme a
los ojos.
>>—¿Cómo es tu nombre?
>>—Paul
>>”Para Paul y sus manos fuertes y suaves. Con amor
TMM” Escribí y acaricié su piel antes de guiñarle un ojo. —¿En cuánto crees que
puedes dejar este lugar que tanto respetas Paul?
>>—¿Cómo?
>>—Mi chica y yo estamos parando en una hacienda a
las afueras, tenemos alcohol y drogas para varias semanas. ¿Te apuntas a una
fiesta?
>>—Dalo por hecho —dijo sin creer absolutamente
nada de lo que estaba pasando.
>>Tomé el papel de su mano mientras me levantaba y
anoté allí la dirección de nuestra guarida. Dejé el rotulador en la mesa y le
tendí el papel —Recuerda que nadie debe saber que estoy aquí. Esto es entre
nosotros tres. Te esperamos esta noche apenas salgas de aquí —dije con un
susurro y le di un beso en la mejilla antes de tomar las bolsas y pegarme a
Celeste lo más que pude. Ella apretó mi culo mientras le dábamos la espalda a
Paul y sentíamos como su mirada nos seguía —Nos vemos en unas horas. No nos
dejes solitas —dije cuando salíamos por la puerta.
>>Celeste aún se reía cuando subimos al coche y
comenzamos el retorno. —Si hubieses podido escuchar lo que pensaba —decía y la
carcajada volvía, al parecer el muchacho intentaba con todas sus fuerzas
convencerse de que todo era real, que no estaba soñando de las formas más
ridículas. Me felicitó con un beso por la actuación y volvimos a la estancia
cuando el sol caía tras las montañas boscosas, listas para recibir a nuestro
invitado.
>>Paramos para comprar algo de comer para mí en la
gasolinera. Puedes imaginar lo risible del menú de aquella noche, pero no faltó
el alcohol, que destapamos nada más entrar mientras yo disfrutaba de los snacks y nos lanzábamos comentarios y
miradas sugerentes revisando la compra con expectación de que nuestro invitado
llegue. Yo no podía dejar de pensar en Paul y en la forma en que mi cabeza
estaba asimilando todo aquella situación: sentía pena, sabía que estaba
aprovechándome de mi nombre y mi cuerpo para atraer a aquel buen tío al abrazo
de Celeste, y sabía que aquello debía espantarme y hacerme sentir terrible, sin
embargo, simplemente esperaba con ganas que las horas cayeran del reloj, tenía
la certeza de que no podría resistirse a la invitación, toda mi vida había
conseguido lo que quería, y en los últimos años mi desempeño sexual me había
dotado de una experiencia para el flirteo en la que confiaba plenamente.
Aquello formaba parte de la preparación de la que mi amada vampira hablaba y le
di vueltas a la idea de que no era muy diferente de la forma en que ella
utilizaba su hechizo. ¿Sería acaso que quería que practicase aquello? Sea como
fuere, decidí no preguntar y entre risas y roces provocativos los minutos
finalmente se consumieron sin que apenas llegase a notarlos.
>>El telefonillo sonó y Celeste y yo nos miramos
con una sonrisa en los labios. Me levanté y fui a atender —¿Si? —dije alzando
la voz con tono inocente, para aquel momento la música estaba alta y el licor
se había trepado a mis mejillas. No estaba borracha, pero sí que tenía buen
ánimo, creo que entiendes lo que quiero decir. Estaba en ese punto mágico de la
noche en que las personas prudentes dicen basta a los vicios y se contentan con
la desinhibición lúcida de la vigilia de la embriaguez, ese momento que jamás
me había durado lo suficiente como para atesorarlo con deseo.
>>—¿Taylor? ¿Han comenzado sin mí? —protestó sin
sentirlo realmente Paul
>>—Pasa, chico, que fuera debe estar helado —Abrí
el portón metálico con el control remoto y escuché como el motor de su auto se
acercaba a la puerta de la casa.
>> Cuando abrí la puerta el aire helado me sacudió
de arriba abajo. Él se apresuró a llegar hasta mí y entramos a toda prisa —¡Ey!
Realmente viniste —dije siguiendo mi fingida inocencia. Recibí la botella de
champagne que traía para compartir y colgué su abrigo en el perchero.
>>—¿Creíste que iba a perderme algo así? —contestó
clavando sus ojos azules en los míos, arrancándome un escalofrío.
>>—No es para tanto realmente —sostenía su mirada
con gesto medido, mis años actuando no habían sido en vano e interpretando a
aquella joven medio borracha que lo deseaba pero no quería ir demasiado rápido,
el tío picó de inmediato
>>Realmente se veía guapo, llevaba una camisa
negra, bien pegada al cuerpo y unos jeans oscuros, el pelo aun húmedo y tenía
un perfume exquisito. No estaba producido y eso me gustaba, pero aún con todo
parecía un galán de televisión en comparación conmigo, que vestía mi camiseta
suelta, mis calzas negras y mis botas de cuero, el mismo aspecto que tenía
cuando estuvimos en su tienda, solo que más despeinada. Qué puedo decir, es mi
estilo —Sí que lo es —me guiñó un ojo y Celeste apareció por la puerta en el
momento justo
>>—Bueno —dijo, apoyada en la pared que daba al
recibidor, con su cuerpo curvo a contraluz, remarcando su figura hermosa y
manteniendo su rostro en sombras—. Me va a tocar compartir esta noche.
>>—Espero que no solo el alcohol —bromeó el,
hablando más en serio de lo que parecía mientras se acercaba a ella para
saludarla con un beso.
>>Entramos a la sala de estar y la fiesta comenzó.
Paul nos contó bastante de sí mismo y de la vida en el pueblo, y nos enteramos
que había llamado a la tienda de los trajes de latex y había movido unos
cuantos contactos para que los nuestros llegaran lo más rápido posible, quizás
en dos semanas ya estuviesen en nuestro domicilio. Nosotras hablamos de nuestra
relación, le mentimos diciéndole que nos habíamos conocido en Nueva York, en
uno de los conciertos de la banda y que estábamos de vacaciones juntas. Le
dimos bastante de beber, como para que me alcance en mi estado de casi
embriaguez, y me percaté que a Celeste apenas si le afectaba el alcohol. Luego,
cuando las risas eran más sueltas y altas el alcohol dio paso a la coca y el
frenesí energético se apoderó de mí como siempre lo hacía durante esos
maravillosos segundos de euforia. Apreté los dientes y miré a mi compañera a
los ojos para que pudiese leer en mi mente lo mucho que la deseaba, a ella
sobre todo y a él, que estaba tomando su raya en aquel momento y nos dedicó una
mirada similar a la que acababa de enarbolar yo misma.
>>Celeste y yo reímos al sentir aquella mirada y a
sabiendas de que ella podía leer mis pensamientos a la perfección. Entonces
finalmente ella rompió el hielo, tomando de la mesa las bolsas negras de papel
que habíamos traído de la tienda que el muchacho atendía y sacando de allí
algunas cosas con aire distraído —¿Dices que vendes cosas de buena calidad en
el sexshop, Paul? —Aunque no hubiese
sido la persona que más entrada en años parecía en aquel cuarto, Celeste
siempre tenía un aire regio e imponente y una mirada cargada de experiencia,
pero aquello me quedó tan claro como el agua al ver como su cuerpo se movía con
gracia felina mientras rebuscaba entre los juguetes y las cajas de los mismos
que ya habíamos abierto y guardado allí mismo, siempre mirando las bolsas, como
si ninguno de nosotros estuviese realmente allí, pero regalándonos la imagen de
sus cadera gráciles sacudiéndose como involuntariamente al ritmo de la balada
rockera que sonaba en los parlantes, a un lado y al otro.
>>—Solo lo mejor —contestó él, siguiéndole el
juego, por mi parte, me eché atrás en la silla y bebí, prestando atención a la
conversación.
>>—¿Y qué me dices de éstas? —preguntó la vampira,
sacando en el momento justo un par de rollos de gruesas cuerdas de algodón
blanco —¿Crees que podrían sujetar a un hombre fuerte? ¿Crees que podrían
soportar la fuerza cuando… pongamos: una vampira y su pareja comiencen a quitarse
la ropa frente a él? ¿O será demasiado para el pobre juguete?
>>Paul me miró con una sonrisa lasciva cruzándole
el rostro —¿Así que jugáis a las vampiras? —me susurró alzando la voz lo
suficiente para que Celeste pudiese oírlo también, incluyéndome en la
conversación. Yo levanté las cejas y le lancé un mordisco sensual sin cambiar
de posición, entonces se volvió a mi pareja —Digamos que el hombre de deja
atar, te aseguro que no hay forma de que las cuerdas cedan, pero para
conseguirlo, las vampiras tendrían que prometer que él se va a llevar su
mordida también.
>>Tuve que ahogar la risa con dificultad a causa de
la ignorancia que escondían sus palabras, por suerte Celeste seguía con la
iniciativa y me tendió uno de los dos pares de cuerdas antes de comenzar a dar
la vuelta a la mesa —Y a las vampiras nos encanta morder cuando nos lo piden
tan gentilmente ¿Verdad, amor?
>>—Más cuando la presa es tan hermosa —le contesté
dejando el vaso sobre la mesa y acercándome al muchacho que nos miraba con la
excitación destellándole en las pupilas. Me senté a horcajadas en su falda y el
me agarró con firmeza el culo, haciendo despertar mi libido de inmediato. Tenía
las manos grandes y fuertes, pero su presa era delicada y experta. Me mordí el
labio inferior con expresión sensual y miré esos ojos azules. —Al final sí que
parece tan apetecible
>>—No sabes cuánto —respondió el mientras
acariciaba mis muslos y mis caderas y yo le devolvía el gesto sobre su abdomen
y su pecho y Celeste llegaba detrás para mimarle el cuello, los hombros y
encontrar mis manos en su pecho. Tomé su mano y tiré suavemente de ella para
besarla lentamente y con mucho teatro al alcance de la vista de Paul que
comenzaba a presionar mis senos.
>>Separamos nuestro beso y Celeste comenzó a lamer
su oreja y cuello, arrancándole suaves jadeos. Tomé su nuca y besé sus labios
anchos; el me correspondió con muchísima pasión, nuestras respiraciones
agitadas chocaban contra el rostro contrario y sus manos buscaban
desesperadamente colarse bajo mis calzas negras para acariciar mi sexo de piel
a piel. Entonces me alejé para comenzar a quitarle la camiseta, descubriendo
las intrincadas líneas que coloreaban sus tatuajes, uniendo todos los dibujos
en su pecho lampiño. Arrojé la ropa a un lado y Celeste tomó sus brazos y los
llevó hasta su espalda con delicadeza, invitándole a realizar aquel movimiento.
Sus ojos se encontraron y ella muy delicadamente besó sus labios, con cuidado
de que la pasión del hombre remitiera para que su lengua no se apresurara a
introducirse en su boca, a riesgo de que sintiera el filo de sus colmillos que
sorprendía la primera vez. Paul le siguió el juego de la ternura y comenzó a
besar su mentón y su cuello con delicadeza. Hasta que ella se agachó para
sujetar sus brazos en un nudo a la silla y sus ojos volvieron a los míos. En
ese momento mis dedos pasaban por las líneas de los dibujos y al bajar la vista
para verlos más detenidamente vi que llevaba en su pecho derecho “The Petty
Recless” escrito en tinta negra y detalles rojos. Volví a mirarle y le sonreí
—Creo que ya sé dónde me corresponde la primera mordida —bromeé y llevé mis
labios al detallado tatuaje, primero mordiendo con violencia, para luego lamer
suavemente su piel y comenzar a subir hasta su cuello.
>>Mi mano derecha acariciaba su pantalón, donde se
marcaba el bulto de su erección apretada y mi boca mordía su mentón barbado
cuando Celeste emergió nuevamente de detrás de Paul. Guiñándome un ojo.
Entonces, deteniendo mis atenciones y bajándome de sus rodillas, me agaché
frente a él con sensualidad y sin dejar de mirar sus ojos tomé las cuerdas que
mi compañera me había entregado, y las desenredé para comenzar a sujetar sus
piernas a las patas de la silla.
>>Mientras me empeñaba en mi trabajo, vi como
Celeste le hablaba al oído con sus pechos contra la nuca del joven y su mano
acariciando su pene aún envuelto en ropa. —¿Te imaginas a Taylor Momsen
desnudándose para ti? No puedo explicarte la delicia de ese cuerpo, querido.
Vamos a pedirle que te dedique un baile dulce y sensual, mientras mira esos
ojos azules y hermosos que tienes. Y cuando te muerda como te prometí, quiero
que tengas sus braguitas en la boca, lleno de su sabor mientras la vampira se
alimenta de ti —La situación cargada de morbo me tenía terriblemente excitada y
me sorprendí nuevamente pensando en lo poco que me preocupaba la pena que
sentía por él en aquel momento en que su vida estaba literalmente en mis manos.
Podía ver el deseo de Celeste en sus ojos violetas mientras jugaba con su presa
y más que asustarme o sensibilizarme me excitó más incluso. Aquel era un
momento que compartiría con ella en el límite de lo humano, un momento culmine
en nuestra relación y lo estaba disfrutando pese a todo —su coño no es solo
apretado y cálido, sino exquisito como jamás he probado en mi vida y te prometo
—sus ojos me miraron —que esta noche vamos a estrenar ese lubricante que
compramos y que tantas ganas tiene de utilizar.
>>Enloquecí de placer escuchando aquello y solté un
jadeo mientras ajustaba firmemente el último nudo. Probablemente estuviesen
demasiado ajustados, pero Paul no se quejó en ningún momento, de hecho, dudo
que pudiese hablar a causa de la excitación de la pornográfica escena.
>>—¿Qué te parece, amor mío si te desnudas para
nosotros? —Para mí agregó mentalmente
y mirando sus ojos cautivadores me puse en pie. Siempre he amado bailar, y
siempre he sido una pésima bailarina, aún con todo, comencé a mover mi cuerpo
al ritmo de la música y a retirar mi ropa poco a poco, siempre mirando a la
mujer que amaba, como si el desgraciado dependiente de la tienda que habíamos
engatusado y atado allí, en la sala de nuestra casa robada, no existiera.
Sentía como él buscaba mi mirada sin éxito, pero no hizo comentario alguno, las
caricias de Celeste le mantenían en vilo y la imagen de mi cuerpo le resultaba
evidentemente atractiva, pues gesticulaba mientras, prenda a prenda, me
deshacía de mi vestimenta: La camiseta cayó lejos, sobre el sofá y el sujetador
cayó bajo su peso a mis pies mientras cubría mis pezones con un brazo un instante
y luego los revelaba erectos, pequeños y rosados a sus ojos. Me senté en la
mesa a su lado y sobre sus piernas desabroché mis altas botas con sensualidad,
mientras cruzaba y descruzaba mis piernas broche a broche. Me puse nuevamente
frente a nuestro invitado y girándome, muy cerca suyo, bajé mis calzas con un
movimiento lento y delicado que diluí todo lo posible para que el pudiese
contemplar mis nalgas divididas por mi tanga negro y blanco. Volví a quedar
frente a ellos y retiré la última pieza de ropa que cubría mi sexo húmedo.
>>Volví a sentarme en su regazo a horcajadas, aun
con la prenda en la mano, y noté como su mirada me recorría de arriba abajo.
Llevé la ropa interior que conservaba a mi nariz y sentí mi propio aroma
embriagándome mientras al fin sus ojos encontraban los míos. La retiré y sonreí
mientras, tomándola del elástico, la subía por su abdomen, su pecho y su
rostro, que siguió el movimiento y abrió la boca para recibirla hasta que vio
como mi mano seguía camino hasta Celeste, que dejó entonces de atender su
erección contenida en sus jeans y recogió la prenda entre sus dedos.
>>Ella me sonrió y repitió mi gesto lascivo de oler
el tanga con sus ojos brillantes clavados en mí, que comenzaba a acariciar
nuevamente los pectorales del muchacho que miraba ahora con la boca abierta de
deseo a Celeste. —Exquisita —dijo y sin prestar atención a la expresión de Paul
añadió —¿Crees que se la merece?
>>—Cl.. claro que me la merezco —mustió el, sofocando
los jadeos
>>—No me molestaría concederle ese último deseo
—dije, pensando en cómo habría de continuar el juego de mi amada, con más
expectación que miedo. Sabía de alguna manera que el momento cúlmine de la prueba
estaba próximo y no sentía miedo ni remordimientos, solo una punzante
expectación en todo mi ser pulsando contra mi mente detrás de la excitación sexual
que era prácticamente palpable en mis ojos.
>>—Me parece bien. Ha sido un buen chico. ¿Le
regalamos un dulce orgasmo antes de que todo acabe?
>>Noté como una sombra de inseguridad recorría el
rostro de Paul al oír aquellas palabras y pensé que debía estar intentando
digerir la conversación en su mente y debatiéndose contra el velo de deseo por
permanecer en silencio: “¿Último deseo?”, “¿Antes de que todo acabe?”. Casi
podía leer las preguntas tras sus ojos azules, pero eligió el silencio —Ponle
el bozal, amor —pedí sintiendo como el cinismo y la crueldad se apoderaban de
mi mientras elegía las palabras y desabrochaba su cinturón y corría el elástico
de su bóxer para dejar al descubierto aquel pene hinchado y palpitante de
excitación, de buen tamaño y glande ancho y rosado. Celeste colocó la prenda en
su rostro y luego presionó la parte baja del algodón mojado contra su lengua y
presionó con los dedos para introducir toda la tela tras su dentadura. Agarré
el miembro con toda la mano y comencé a mover lentamente la piel de su sexo de
arriba abajo, a un ritmo letárgico y desquiciante, sus caderas comenzaron a
moverse y sus ojos se pusieron en blanco mientras jadeaba, respirando el aroma
a mi sexo en su boca —¿Te gustaría que mami te haga correr, Paul? —pregunté y
el asintió —¿Deseas penetrar mi coñito apretado? —Apoyé su pene contra mi sexo
y dejé que sintiera su humedad mientras le tocaba. Él asintió con frenesí —Es
una pena que no nos quede suficiente tiempo. ¿Verdad, amor? —pregunté mirando a
Celeste que me sonreía con malicia mientras pasaba sus manos por el cuello del
hombre indefenso e ignorante de su suerte.
>>—¿Omo e oco
iempo? —Articuló con dificultades él sometido y las palabras le costaron
una arcada que le hizo desistir de su charla
>>—Así es, mi diablilla. Ahora vamos a darle el
beso de la vampira —Comencé a masturbarle más fuerte, tocando cada tanto la
punta de su miembro contra mi coño al oír esas palabras — ¿No es eso lo que
pediste primero, pequeño?
>>El rostro de Paul palideció visiblemente cuando
la mujer giró su rostro con los dedos y le enseñó los colmillos en todo su
aterrador esplendor. Sentí que ardía de excitación al verla allí, a punto de
tomar el objeto de su deseo. El me miró de repente, con mirada suplicante y le
guiñé un ojo mientras desaceleraba y aceleraba el movimiento de mi mano para él,
que claramente se acercaba al clímax. Entonces la vampira se movió tan rápido
para clavarle los colmillos en el cuello que apenas si percibí el movimiento.
Paul debió sentir un arrebato de dolor, pues articuló un grito momentáneo que
se apagó de inmediato. Inclinó la cabeza y sus brazos y piernas se debatieron
contra sus ataduras unos pocos segundos antes de quedar absolutamente entregado
al beso mortal. Celeste había elegido el ángulo perfecto para que yo viese el
sangriento espectáculo, claramente no era la posición más cómoda para ella, que
tenía que inclinar bastante las rodillas para que su rostro quedase casi
paralelo al cuello del muchacho, y en el momento en que clavó sus dientes en
él, pude ver como el chorro del líquido carmesí salía desde su arteria
perforada a la boca de mi amada que luego de enseñarme aquello cerró los labios
alrededor de la herida para no desperdiciar una sola gota.
>>Contemplé todo con curiosidad y con una
abrumadora naturalidad. Lo que realmente me asustó de aquello fue que no tuve
problemas en seguir tocando el pene del muchacho en ningún momento, regalándole
su último placer físico como una cortesía de despedida, mi mayor sobresalto fue
al descubrirme feliz viendo a mi mujer saciándose y mi mayor culpabilidad fue
la de sentir celos de Paul que recibía el mismo beso que Celeste me dedicaba
antes de dormir, solo que más extenso y evidentemente mortal. —Que mortalmente
hermosa eres —le susurré sin querer interrumpir aquel momento, pero sin poder
contener mis palabras.
>>Te amo,
diablilla. Me susurró mentalmente justo en el momento en que el orgasmo de
Paul llegaba y me manchaba la mano, el abdomen y el vello púbico y Celeste se
separaba de el con un siseo gutural de satisfacción y se alejaba tras del
joven, que aún seguía vivo a duras penas, mientras su pene palpitaba
fuertemente pero con pulsaciones demasiado lentas, acusando su inminente final
y acabando su descarga seminal. Miré sus ojos, que habían perdido brillo y su
boca cubierta con mi ropa interior y me quedé hipnotizada con aquellas últimas
respiraciones apagadas agobiada por un cinismo y una impasibilidad que me
helaron la sangre y me hicieron mover por voluntad propia, soltando su miembro
y limpiando su orgasmo contra sus labios antes de sujetar su mentón y besarle,
como en una obra de arte oscura y cruel, mezclando el sabor de sus labios, el
aroma de mis bragas, el calor de su cuerpo que se extinguía y la espesura de su
semen en un último beso de ternura mientras su aliento finalmente se detenía. Aquella
era una forma “rock and roll” de
morir, pensé. Y “Death By Rock And Roll” fue
el nombre de la canción que comencé a escribir esa noche, pero eso no importa
ahora.
>>Lo que importa es que antes de que pudiera
sucumbir a mi cinismo y perder la excitación palpitante que había sentido
instantes atrás, sentí como las manos de Celeste apretaban mis pechos desde
atrás. Estaban cálidas y al girar mi cuello para observarla la vi completamente
llena de vida, estaba deslumbrante con sus ojos vidriosos y brillantes y sus
mejillas sonrosadas, sus manos, con su aterciopelada suavidad de siempre, eran increíblemente
cálidas y presionaban mis pezones con maestría, recuperando mi libido que
estaba a punto de caer, pude sentir en mi espalda que se había colocado uno de
los strap-on y se inclinó para besarme
allí, encendiendo también mi morbo nuevamente. Entonces me levantó con su
fuerza sobrehumana y apoyó mis manos en los hombros del difunto Paul, empujando
mis caderas hacia atrás, obligándome a acercar mucho mi rostro a aquel cadáver mientras
apoyaba la punta del dildo en la entrada de mi sexo y presionaba,
introduciéndolo en mi interior con suavidad y sin dificultad.
>>Sentí como mi vagina se dilataba poco a poco,
abriéndole paso a su embestida y gemí sentidamente, repitió el movimiento con
lentitud dos veces más y luego jaló mi cabello y apoyó su otra mano en mi
espalda, obligándome a arquearla para ella, lo cual hice con dedicación
mientras movía las caderas todo lo que la posición me permitía para darle la
mejor vista posible y porque quería aquel rugoso juguete chocando contra las
paredes de mi interior y aquel movimiento facilitaba ese efecto. Me folló cada
vez más duro contra el cadáver del muchacho y cada tanto me animaba a mirar su
rostro ya palidecido y carente de toda expresión y aquello aumentaba mi morbo y
me llenaba de culpa, entonces, antes de que pudiera llegar al clímax, retiró el
juguete y fui a quejarme, pero al girar la cabeza vi que tenía el pote de
lubricante en una mano y me sonreía mientras colocaba un poco en sus dedos y
apoyaba estos en mi ano.
>>Una vez bien lubricada, apoyó nuevamente el
juguete contra el orificio y presionó, esta vez más despacio y tiernamente.
Sentí como doblaba las piernas para que sus caderas quedasen más cómodas para
aquella forma de penetración que tanto me gustaba. Sentí el punzante dolor momentáneo
antes de la marcada estrechez de mi interior siendo invadida lentamente,
cortando mi respiración, solo un poco y luego calma. Repetir, un poco más
lejos, el placer me llegaba tan plácido y medido que dudé si era presa del
hechizo de Celeste, pero sabía que no era así, que solo era su maestría y como
mucho la posibilidad de leer en mi mente el momento justo en que retroceder y
volver a empezar. Me separe de Paul cuando ella me tomó con su brazo por el
pecho y se sentó en la mesa, pegando mi espalda a su pecho y besándome en un
romántico gesto mientras el dildo llegaba casi al fondo aquella vez. Entonces
se dedicó a mover mi cuerpo sin despegarme de su pecho, en un acto tierno y
lento que acabó por arrancarme un dulce orgasmo increíblemente rápido. Temblé y
me quedé quieta, sintiendo su respiración contra mi espina dorsal, el
movimiento vivo de su caja torácica y sus senos en mi piel, su respiración en
mi hombro y sus besos a continuación, subiendo hasta m oreja y luego al girar
mi rostro en su boca. Todo aquello con el dildo aún a medio camino en mi ano.
>>Finalmente me enderecé, separando la penetración
y me senté sobre sus piernas, en la misma posición y ella acarició mi abdomen
con delicadeza —¿Puedo darte también un beso a ti, diablilla… como las últimas
noches? —preguntó con delicadeza y ternura, haciendo que su voz sacudiera todo
emoción dentro de mí que no fuese el amor por ella. Corrí mi cabello a un lado
y le ofrecí mi cuello.
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