Pink Wasted Club: Prólogo - Capítulo 1
Luci sonreía mientras miraba por el cristal de la
ventanilla del taxi. Había dejado de lloviznar y el hormigón de la ciudad
reflejaba las fulgurantes luces que colmaban de vida cada rincón de aquel
hormiguero de humanidad. Allende era la capital y se notaba: en cada rostro que
transitaba su basto espacio aquel viernes de Noviembre, en el constante
movimiento de coches, en la cacofonía de su existencia que se intuía caótica y
luego acompasada, como si cada ruido histriónico encajara con sus homónimos en
un vaivén casi natural, como un mar picado bajo un cielo apagado de estrellas a
causa del triste contenido residual de la superpoblación.
Ahora que habían
salido de los suburbios donde vivía se sentía más tranquila, como si su
ansiedad se hubiese disipado con la lluvia. Llevaba tiempo saliendo vestida con
su vestido rosa, sencillo, infantil; sus medias blancas por encima de las
rodillas y sus zapatitos de charol blancos, con lazos dorados, a juego con su
collar y su cabello largo y rubio que había crecido bastante en los últimos
meses; pero aun así, el anonimato del gentío la calmaba y le infundía una
confianza y una naturalidad que nunca hubiese imaginado agradecer y desear.
“Domino” comenzó a sonar en la radio del coche y sin
pensarlo y con una eufórica sonrisa desbordando en su voz dijo —¿Podría
subirle?
El taxista que viajaba en el asiento delantero había
estado callado casi todo el trayecto, lo cual Luci agradecía —Claro —asintió y
subiendo el volumen hasta donde la prudencia de su trabajo le permitía le echó
un vistazo por el retrovisor le devolvió la sonrisa y le animó a cantar con el
—“I can taste the tensión like a cloud of smoke in the air…
Luci se sintió absolutamente desconcertada, era irreal
que aquel hombre entrado en carnes y curtido por lo años cantase tan bonito. Se
ruborizó al instante, pero sin dejarse amilanar levantó la voz con él y al
llegar al estribillo ambos viajaban cantando a viva voz —“Rock my wold into the
sunlight” —y reían.
Los restantes minutos de camino que tardaron en llegar al
Pink Wasted, el bar donde la esperaban fueron amenos y ayudaron a terminar de
borrar todo rastro de nerviosismo de la muchacha, hablaron de música, del
clima, y de las cosas que sirven bien para llenar vacíos y generar compañías
agradables. Luci se contempló las uñas celestes y blancas, como un eco del
color de sus grandes ojos, con dos brillos rojos en sendos dedos mayores,
parafraseando a sus labios pintados de carmesí <<Que suerte que mamá y
papá no estuvieran en casa hoy>> pensó agradecida por haber tenido el
tiempo perfecto para producirse sencillamente pero con detenimiento y de
repente se dio cuenta del rumbo de sus propios pensamientos y ahogó una dulce
carcajada <<Cuánto ha cambiado todo en tan poco tiempo>>
Al llegar pagó y dejó una generosa propina del dinero que
Mami Belén le había dado para que tomase aquel coche. Saludó cordialmente al
hombre y bajó a la ciudad que la recibía con los brazos abiertos. El cartel
fluorescente de luces rosas frente a ella se reflejaba en su pálida piel mientras
rezaba en grande “Pink Wasted” en caligrafía extravagante de neón. Pasó junto a
la cola de gente que comenzaba a aglomerarse frente a la entrada y se sonrojó
al sentir algunas miradas que se clavaban en su espalda, detrás de los
variopintos antifaces que vestían los concurrentes, aquella era la “noche de
las máscaras” en el club.
Unos pocos metros más allá el club terminaba y dejaba
entre él y el edificio de la derecha un pequeño callejón, pobremente iluminado,
donde, a algunos pasos un grupo de tardíos trabajadores descargaban bebidas
alcohólicas ayudados de sus carros de carga.
De repente el miedo volvió a asaltarla. Era la primera
vez que venía sola al bar de Mami y siempre procuraba llamar poco la atención.
Tragó saliva y tomando coraje se acercó al segurata que se erguía en la puerta
luego de despedir a los repartidores que le soltaron lascivos piropos que la
hicieron estremecerse —Hola, disculpe… —El hombre se percató de su presencia. A
diferencia de los muchachos jóvenes de la puerta principal que vestían traje y
corbata, el robusto hombre de músculos marcados y calva perfectamente afeitada
llevaba una sudadera y pantalones de trabajo, fumaba un cigarro y al verla se
retiró de las orejas unos Air pods mientras le sonreía con una expresión que
ella no supo encajar —Eh… Soy Aa… Luci —consiguió decir, había algo en aquel
tipo que la incomodaba profundamente, pero no se dejó intimidar —Vengo a ver a
Belén. Ella me espera.
—Si, estoy enterado. Se supone que debo dejarte entrar —contestó
el, con una sonrisa burlona en la voz —, pero pareces más pequeña que lo que
deberías. ¿Puedo ver tu identificación?
El terror se apoderó de Luci que sintió un calor que le
subía a la cabeza mientras su mente enarbolaba y entretejía una red de excusas lo
suficientemente buenas. Si no llegaba a ver a Mami ella iba a enojarse mucho
El guardia estalló en una carcajada —Solo bromeo, niña.
Las invitadas de Belén no tienen que identificarse —Abrió la puerta y le sonrió
a la joven, esta vez con mayor amabilidad y un gesto compasivo —Después de
todo, no es que vaya a dejarte pasar a la pista, ni es la primera vez que
vienes por aquí.
—¿Me habías reconocido? —preguntó Luci, intentando
parecer despreocupada, ansiosa por recuperar algo de control en aquella fugaz
conversación, mientras se acercaba al umbral y pasaba al lado del hombre que le
sostenía la puerta.
—Siempre recuerdo a las bonitas —dijo guiñándole un ojo.
Luci le sonrió y avanzó. La puerta del club se cerró tras
de sí. El largo pasillo de los reservados le trajo recuerdos agridulces.
Parecía que habían pasado siglos desde la primera vez que estuvo allí,
colapsada de terror y nerviosismo, guiada por la vergüenza y la culpa. En ese
entonces las luces de tubo que cada cierto tiempo parpadeaban de tensión le
habían parecido terroríficas y terribles, al igual que el sonido de la música
amortiguada cuyos bajos rebotaban en las paredes de aquel piso inferior del
boliche. Había allí un aura de misterio y secreto, un aroma a encierro como el
de cualquier subsuelo, pero cargado de perfumes dulces y hálitos a alcohol y
excesos, aunque no era ni de lejos tan malo como lo había sentido entonces.
Ahora era simplemente un camino más, que poco a poco se volvía cada vez más
cotidiano y aunque aún enterrada en lo profundo de si misma la culpa y el miedo
se sacudían, comenzaba a apreciar aquellas escapadas nocturnas, hacía mucho
tiempo que no se sentía libre de ser ella misma en ningún lugar, pero allí…
allí sus demonios no llegarían jamás. El peor de los problemas que podía
encontrar en aquellos reservados, serían las miradas indiscretas de algún
borracho que podía hacer despachar al segurata, y el monstruo más terrible, por
llamarlo de alguna manera, era Mami Belén, aunque lejos estaba de ser malvada.
De hecho, era gracias a ella que ahora se sentía tan agridulcemente bien.
Segunda puerta a la derecha. Tomó aire y se preguntó qué
le depararía la noche. Se mordió un segundo el labio inferior, pero azorada
reprimió casi de inmediato la mueca y con miedo de haberse arruinado el
maquillaje llamó a la puerta, primero despacio para no interrumpir bruscamente,
luego con firmeza, sabiendo que nadie la escucharía golpeando suavemente bajo
el ruido de la música del piso superior.
La puerta se abrió y las luces tenues de la habitación
apenas si llegaban a compararse a la hermosa figura que tenía delante: de
cabellos cortos, poco por debajo de la nuca y en peinado decreciente hacia un
flequillo peinado detrás de las orejas, tez pálida como la nieve, rasgos
redondos, pero dulces y maduros, ojos azabache, como una noche encapotada y
plagada de misterios; y como único maquillaje un austero delineado alrededor de
los mismos, con su septum y su par de piercings “snake bite” bajo el labio
inferior y para inmensa sorpresa de Luci, de cintura para arriba apenas si
llevaba un sujetador negro que realzaba sus pechos, entre los que se perdía un
juego de dos llaves sujetas a una cadena alrededor de su cuello. Aquello era
demasiado. Mami nunca se había mostrado tanto ante la muchacha. Más de una vez
la había visto en bikini, o top, incluso había paseado por su propia casa
apenas con una camiseta larga, pero aquello era diferente, aquello era un
permiso para que Luci disfrutara. Una incómoda y placentera sensación, casi
dolorosa apareció lentamente en su entrepierna, pero hizo todo lo posible por
sobreponerse a ella, aunque entonces se dio cuenta de que estaba con la boca
abierta, embelesada por la preciosa postal. Miró a los ojos a Mami, que sonreía
con satisfacción. Con Belén las cosas no eran casuales, ella había decidido
esperar así y había conseguido la expresión que buscaba. Aquel pensamiento solo
consiguió acalorar más a la joven <<Está siempre en control. Que hermosa
es>> pensó.
La mujer le tendió dulcemente una mano —Anda, pasa que
tenemos poco tiempo.
La mano de Belén era fría, como de costumbre. Luci la
recibió y entró al austero cuarto de Mami. Era el reservado privado donde solía
llevarla, uno de los muchos del Pink Wasted, propiedad de la mujer que ahora
cerraba la puerta con pestillo mientras aun sujetaba a Luci. La habitación era
más amplias que las demás, y por lo que la jovencita sabía era de uso exclusivo
de la dueña. Tenía solo una cama matrimonial bajo las luces de tubo rosa y
celeste, de sábanas delicadas y cabecera amplia, asemejando a medio timonel de
navío —Donde Luci ya había sido atada—, dos mesillas gemelas y pequeñas a cada
lado y tres de las cuatro paredes y el techo espejados. Belén tiró de ella,
sacándola de su ensimismamiento y con su mano libre tomó su mentón y le obligó
a clavar los ojos azules en los suyos mientras la inspeccionaba —Cada vez
elijes mejor el maquillaje. Me siento muy complacida —dijo soltando su mano
para echarle el pelo hacia atrás con delicadeza —. Estás hermosa, Luci —y se
inclinó los escasos centímetros que le sacaba de altura para acercar el rostro
al suyo.
La muchacha cerró los ojos y abrió un poco los labios,
por puro impulso, pudo sentir el aliento fresco de Mami chocando contra su
boca, pero el beso solo fue solo un rose, una insinuación de lo que podría
haber sido. Y la piel de la joven se erizó al completo, estaba completamente
segura que los bellos rubios de los brazos se habían crispado y el frío y el
calor le recorrieron el cuerpo como si libraran una batalla en su interior.
Suspiró y sintió la sensación de la reprimida excitación mientras abría los
ojos y miraba a Belén sonriéndole con picardía. No dijo nada. Mami no le había
permitido hablar.
—Anda. Hay un baño caliente esperándote —La giró con un
movimiento delicado para que quedase de frente a la pared sin espejos, donde se
encontraba la puerta al tocador —. Yo ya voy. Tengo que terminar de preparar
unas cosas —le apretó una nalga con delicadeza sobre el vestido y Luci se
dirigió solícita al baño, pero se percató de un largo paquete negro que
reposaba en la cama. Tragó saliva y entró al aseo.
En el cuarto calefaccionado le esperaba una bañera que
echaba vapor al ambiente. Colgó el pequeño bolso en uno de los percheros y
luego el vestido y el sujetador rosa, pero al quitarse las bragas comprobó lo
mojadas que estaban cuando un hilillo de preseminal se sostuvo un instante
entre la dulce y delicada tela y su jaula de castidad. Recordó lo mucho que
llevaba sin tener un orgasmo y mordió su labio inferior con melancolía.
Instantes más tarde disfrutaba del calor del baño con
sales aromáticas. Todo en el cuarto había tomado aquel olor a flores y su mente
divagaba en la usencia de la calma, todo allí era agradable, el calor del agua
y el ambiente, la maravilla de sentirse libre, incluso para decidir obedecer a
Mami, la expectación acerca del juego que ella hubiese preparado para la noche
que tenían por delante. Era el paraíso y estaba en un sótano de reservados de
un club, con la música aun retumbando en el techo y por las paredes.
—¿Disfrutando el baño pequeña?
De repente se percató que Belén había entrado al cuarto.
Aun vestida solo con su sujetador, pero acomodándose los guantes de latex
negros descartables que siempre se ponía para tocarla —Si, Mami. Gracias —respondió
—Bien, ponte de pie que vamos a liberar esa cosilla. Ayer
casi nos pillan ¿Verdad? —bromeó ella —Escucha bien. Hoy vas a hacer algo que
me apetece mucho, pero es peligroso —su tono era serio y firme
Luci se levantó y puso las manos detrás de la espalda,
como sabía que tenía que hacer —Esto… ¿Peligroso, Mami? —tragó saliva. No le
gustaba aquello ni un pelo.
—Verás, amor. A esta altura, está claro que más que el
control que tengo sobre ti, estás en esta situación por gusto. Ya ha pasado
tiempo desde que te negabas a aceptar lo que realmente eres. Así que es momento
de dar el siguiente paso— Con una de las llaves de su collar abrió el pequeño
candado que encarcelaba el pene de Luci y la presión se redujo repentinamente,
produciéndole una sensación de absoluto placer —. Hasta ahora, jamás se me
hubiese ocurrido exponerte o hacerte algún mal. Siempre has sido para mi
alguien especial y te quiero, más allá de esto que tenemos entre nosotras —dijo
y Luci se debatía entre la atención que debía poner a sus palabras y el tacto
del latex retirándole la cajilla mientras el rostro de Mami estaba tan cerca de
su delicado sexo que comenzaba a endurecerse, ahora libremente —. Hoy voy a
exponerte, pero quiero que me des tu consentimiento. Eres libre de decidir. A
partir de este momento el juego va a ponerse interesante para mí y habrás
comprobado que mi mente no está en perfecto estado —sonrió mirándola a los ojos
y sosteniendo su pene totalmente erecto con una mano. La joven escuchaba
atentamente, pero ahogaba los gemidos de placer que amenazaban con escapárseles
involuntariamente de los labios —. Si hoy dices que no quieres seguir, te
llevas las llaves de tu encierro y haces con tu vida lo que quieras, sin
represalia, sin castigo —Se enjabonó el otro guante y comenzó a limpiar el
miembro de la pequeña, que parecía haber perdido tamaño en los últimos meses
dentro de la jaula —. Si por el contrario, vienes conmigo, vas a hacer lo que
te diga. Servicial. Dócil. Sin protestas. No vas a requerir ataduras, porque
vas a ser mía y vas a complacerme de la forma que a mí más me venga en gana
para demostrarme lo buena niña que eres. A cambio, voy a premiarte cuando lo
crea oportuno. Hoy, por ejemplo, si todo sale como a mí me gustaría, vas a
tener una recompensa —Tomó una maquinilla de afeitar y repasó el pubis de Luci
y todos los lugares a los que a ella le costaba llegar, sobre todo debajo de su
sexo —¿Qué dices, Luci?
—Yo… —no sabía que decir. Por primera vez Belén le estaba
dando la oportunidad de huir, de dejar todo aquello atrás. Una parte antigua en
si misma quería gritar que si y salir corriendo de aquel cuarto, pero aquella
voz era queda, apagada, como la música que llegaba de la pista del club. Casi
no existía, esto era lo que ella quería: a Mami atendiéndola y dirigiéndola.
Con una mente perversa o no, estaba dispuesta a complacerla lo mejor que
pudiera, pero el miedo a lo que alguien como Belén llamase “Peligroso”, sobre
todo teniendo en cuenta su historial, la dejaba sin aliento —Yo… ¿Qué… qué es
ese peligro, Mami? —preguntó
—Peligro a ser descubierta, sobre todo. Por la gente que
te conoce. Es dar el siguiente paso a aceptarte a ti misma —Pero entonces dudó
un momento —. Y está el peligro de conocer lo que realmente me excita, de darte
cuenta de que soy perversa, y mala, y que hace tiempo acepté que no estoy en
mis casillas, sobre todo sexualmente —se encogió de hombros y giró el cuerpo de
la muchacha para afeitar la parte trasera de sus piernas prolijamente —El
peligro de que quiera exponerte solo para excitarme. ¿Comprendes?
<<Si>> En el fondo comprendía. Belén era una desequilibrada,
taimada y manipuladora. De hecho, al principio de aquella aventura, Luci le
había echado toda la culpa de la situación y le había guardado un gran rencor…
pero aquello no era verdad del todo. Ella había aceptado primero que nadie lo
que sentía, incluso cuando ni ella misma se aceptaba, y ahora esta parte de su
vida era algo que realmente amaba y deseaba. Durante largas horas durante su
tránsito cotidiano soñaba con estos momentos, en la escuela, en el gimnasio,
cenando con su familia, cada vez deseaba con más fuerza gritar al mundo lo que
sentía… y a esa parte de su mente, todo esto le parecía una gran oportunidad.
Belén acabó con ella y se levantó, llevándose la cajita de castidad al
lavamanos, en silencio. Luci se recostó en la bañera, con la cabeza dándole
vueltas.
—¿Y bien? —preguntó Mami, mientras lavaba el juguete de
color rosa perlado.
—Comprendo —dijo simplemente Luci, que aún no había
tomado una desición.
Belén no insistió por el momento y el silencio se apoderó
cómodamente de ellas durante el tiempo que acabó Luci de bañarse. La mayor ya
había acabado entonces de lavar el dispositivo de castidad y lo secaba mientras
permanecía sentada al lado de la bañera, supervisando que su niña no sucumbiera
al deseo de masturbarse ahora que gozaba de libertad extra, ella no
desobedecería, pero era parte del acto que tenían montado entre ellas. Y Luci
se sentía profundamente excitada por la meticulosidad del mismo. Ahora con su
pene libre, sus caderas se movían suplicantes, mientras su mente cavilaba
asuntos más importantes, más su cuerpo exigía un orgasmo, con lo frecuente que
Luci se los había entregado en un pasado, ahora contenerse era difícil, incluso
cuando su libido era inconsciente.
Mami secó a su niña y la perfumó antes de ponerle
nuevamente la cajilla sobre una erección que ya estaba cediendo. Tomó las
bragas de la pequeña y las observó con aire crítico y se las colocó con una
sonrisa. Entonces arrojó los guantes a la basura y le indicó que la siguiera.
El paquete sobre la cama estaba abierto, y descubría un
vestido victoriano negro y naranja pastel. Como el de las muñecas que
coleccionaba su madre. A Luci le brillaron los ojos. Era hermoso.
—Tuve que ajustarlo un poco. Creo que te irá bastante
bien —dijo Belén mientras se acercaba a ella y le ayudaba con los cordones del
vestido y luego los del corsé. Le colocó un liguero y medias altas y negras,
zapatos con lacitos y peinó su cabello mientras se lo secaba antes de colocarle
una peineta.
Le quitó los restos de su maquillaje casero y comenzó de
nuevo, con sombras más oscuras y delineados más delgados. Los labios más rojos,
oscuros y contorneados de un lila pálido en la parte inferior. Luci aún no
tenía perforadas las orejas, pero le colocó una cadenilla dorada que se
abrochaba en el lóbulo y en la parte superior de la oreja y para concluir un
collar al cuello, sujeto a una cadena para llevarla a donde quisiera.
Al verse en el espejo suspiró. Estaba realmente hermosa.
El corazón le daba saltos en el pecho mientras el sonido apagado de “Lovesick
girls” llegaba del piso superior. Belén la abrazó por la espalda y le dio un
beso en la mejilla —Estás preciosa, princesa —dijo y se volvió a la cama para
colocarse la camiseta negra con el estampado de alguna de las bandas de rock
que la chica solía escuchar. <<Ella tiene una belleza natural. Lleva años
luciendo ese estilo descuidado y aun así es tan femenina como ninguna y tan
hermosa como la que más>>. La observó mientras se ajustaba los cordones
de los borseguies y los ocultaba bajo el jean gastado. Entonces encendió un
cigarro y le devolvió la mirada a través del espejo —Bien, Luci. Nos esperan.
Es momento de saber que quieres hacer. ¿Has decidido ya?
—La verdad es que no, Mami —dijo con un dejo de tristeza
en la voz —. Me cuesta decidir nada si no sé qué va a pasar. No puedo medir los
riesgos.
—Vete entonces —le ordenó ella sin malicia y con una
sonrisa comprensiva en los labios mientras se quitaba del cuello las llaves de
su jaula y las extendía hacia ella.
—¿No puedes decirme nada? —preguntó Luci acongojada,
acercándose a su Mami, pero sin recoger el preciado tesoro que le ofrecía.
Acomodándose el vestido se sentó a su lado en la cama
—Lo siento, chica. Pero es así. Ya te he utilizado para
satisfacerme físicamente más de una vez, y ya me he divertido contigo todo lo
que he podido sin ir demasiado lejos como para que Luci salga a la luz. A
partir de aquí, voy a explorar mis propios placeres mentales contigo y tu
cuerpo. Voy a hacer el arte que me gusta. Y el primer juego ya es ir demasiado
lejos. Si no estás cien por ciento segura, hazme caso y vete. No quiero que nos
comprometas a ambas —hablaba con su habitual sinceridad aplastante, fría como
el hielo.
—Yo. Hubiese querido que esto fuese distinto —dijo Luci y
una lágrima resbaló por su mejilla mientras tomaba las llaves.
Belén la abrazó con calor fraternal y acarició sus
cabellos —Haz hecho grandes avances, pequeña. Estoy orgullosa de ti. Sé que vas
a encontrar un tiempo que te quede cómodo para dejar a Luci libre —Le dio un
dulce beso en la frente —. Puedes quedarte todos los juguetes y la ropa.
Prometo que todas las fotos que tengo en el móvil van a morir conmigo —y se
levantó lentamente —. Alegrate, chica, ya no vas a tener que soportar a una
loca diciéndote que hacer —Bromeó y le tendió la mano.
Luci la tomó y se fundieron en otro abrazo.
—Tengo que irme, realmente me esperan en la oficina, pero
tu quédate el tiempo que necesites. ¿Tienes dinero para volver en taxi?—
La pequeña asintió. Tenía todas las emociones revueltas.
No conseguía articular palabra y aquella sensación de culpa que había creído
dejar atrás volvía para aprisionarle el pecho.
Belén la guiñó un ojo y se dirigió hacia la puerta con
paso firme. Recogió su bolso del perchero al lado de la puerta, salió y la
cerró tras de sí.
Las llaves doradas reflejaban las luces del cuarto en su
palma. Se sentía asfixiada, y el corsé apretado no ayudaba a confortar aquella
sensación. Todo parecía derrumbarse para Luci una vez más. No se sentía lista
para dar otro paso, desde aquella perspectiva había pasado demasiado poco desde
que se aceptase. <<Pero Mami me aceptó sin dudar>> pensó
<<Jugó conmigo desde el principio y no dejó nunca que me echara atrás. No
puedo abandonarla ahora>>
Belén era cruel y estricta, desde luego no era una
persona en quién confiar para tomar decisiones sobre la vida de nadie, pero era
lo mejor que la chica había conocido y solo ahora sabía que nunca corrió
peligro internándose en sus juegos. <<¿Qué es lo peor que puede
pasar?>> se preguntó <<¿Qué me descubran tal como soy? ¿Y qué? Si
no les gusta, que se vayan al diablo>>
Se levantó de golpe y salió corriendo con dificultad a
causa de los ajustados zapatos.
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