Death by Rock and Roll - Cap 13

 

ACTO 3

“Rock and roll heaven”


>>Al despertar lo primero que sentí fue la dulce lista de reproducción que Celeste había dejado sonando en la televisión. Entonces abrí los ojos y contemplé mis manos y tardé unos segundos en acostumbrarme a su nueva palidez, las sábanas estaban frescas y acariciaban mis hombros y el calor del sol era insoportable. Entonces llegó el miedo: una reacción instintiva y sobrecogedora, un terror profundo y primitivo, sabía que iba a morir, no podía ser de otra manera. Recuerdo ver los rayos de luz vespertinos transportando el polvo con delicadeza y sentir como aquella sensación de amargo pánico subía por mi estómago. Grité, tan fuerte que las ventanas estallaron junto con los espejos de la cómoda y las botellas encima de la misma. Me abracé a mí misma, doblando las rodillas y me tapé entera con las sábanas en un gesto ridículo y esperé lo peor, pero lo que me llegó después fue la risa de Celeste, clara y burlista. Una carcajada sincera y llena de ternura. Y luego su mano acariciando mi cuerpo bajo las sábanas —Tranquila, amor, el sol no puede hacerte daño ¿Recuerdas? —Me destapé solo un poco y abrí los ojos y volver a ver la luz creí que me quemaría los ojos, pero nada ocurrió —Llevas sangre mestiza, las tardes te pertenecen tanto como las noches cerradas. Miré sus ojos y tuve que volver a acostumbrarme a su belleza magnificada por los reflejos solares. Ella me besó y poco a poco me fui acostumbrando a la luz del astro rey. Realmente no era tan malo. Si miraba fijamente sus rayos sentía un ardor en la vista, y si tocaba mi piel me invadía un calor incómodo, pero pasados los minutos amargos de mis primeras impresiones supe que podría tolerarlo. Celeste me explicó que si no había bebido la noche anterior no podría salir a la luz del día, pero mientras me mantuviese saciada no habría problema alguno.

>>Me vestí con la ropa de Mirla, cuyo estilo me había encantado, pero reemplacé la corbata morada por una de las negras del antiguo dueño de la estancia, a juego con mi abundante sombra de ojos y las zapatillas rosadas por altas botas de cuero que quedaban ocultas bajo las amplias botamangas del jean de pesada manufactura. Me sentía particularmente hermosa con esa ropa y estaba feliz de que la mujer haya sido algo más pronunciada en sus curvas que yo, pues la ropa me quedaba suelta y cómoda. Tuve que colocarme un sujetador deportivo blanco debajo de la camisa, pues era bastante transparente y no tenía pezoneras que siempre fueron más mi estilo. Me coloqué la chupa de cuero encima y até en mi cabello dos trenzas desprolijas a cada lado, disfrutando del tacto de mi cabello en el proceso. Aquella se convertiría en mi vestimenta de caza, la ropa con la que más cómoda me siento cuando salgo por las noches a saciar mi sed. Supongo que es algo poético, no lo sé con seguridad, pero ese estilo me da seguridad, le da identidad a mi versión sobrehumana. No tiene sentido y lo entiendo, pero funciona para mí, y por si fuera poco, a Celeste le encantaba como me quedaba, así que no necesité más que aquello.

>>Salimos al largo patio a fumar mientras contemplábamos el sol caer tras el paisaje boscoso y pasamos largo rato simplemente disfrutando de la mutua compañía, yo estaba abrumada por la cantidad de detalles que el mundo de ofrecía a mis sentidos, seguía durante largos minutos el vuelo de un mosquito y me asombraba con el movimiento de sus alas, respiraba el aroma del robledal y degustaba el aroma, tocaba con las manos la dulce hierva y veía el primer lucero aparecer en el cielo bastante antes de que el sol remitiese su luz. Entonces me di cuenta que no tenía nada de frío. Lo sentía, sabía que el clima exigía más que el abrigo que llevaba encima, pero tenía la piel cálida y el viento era más una suave caricia que una molestia. Que cambiado estaba mi mundo, que hermoso era para contemplarlo y recorrerlo. Solo necesitaba sangre para poder andar a mis anchas en la insondable eternidad. Fue así que recordé —¿Qué hiciste con los cuerpos?

>>—Están enterrados bajo el camino de adoquines, muy profundos, con los cuerpos de la pareja que vivía aquí antes que llegásemos.

>>Observé dicho camino, que conectaba todas las partes del jardín de la casa, pero no logré dar con el lugar donde ella había cavado —¿Cómo lo hiciste? ¿Hay palas en algún lugar de la casa?

>>Ella rió —No, diablilla, podemos hacerlo con las manos sin problemas. Tenemos una fuerza y velocidad que aún no has descubierto —Me fijé en sus uñas, estaban intactas —. Escucha bien: lo de anoche fue un festín, una excepción, había que festejar después de todo que despertaste en este lado, pero no podemos ir por ahí dejando cadáveres apilados sin más a nuestro paso como si esto fuese el siglo XIX. Acabaríamos por llamar la atención.

>>Sus palabras no acabaron de gustarme —¿Entonces cómo nos alimentamos?

>>Ella se encogió de hombros —En las grandes ciudades puedes beber de la sangre de los mendigos y miserables, personas sin rostro que nadie recuerda, aun así debes asegurarte de no dejar ni rastro de los cuerpos. Enterrarlos profundo o quemarlos hasta las cenizas. Pero si no, puedes entrar en las habitaciones por las ventanas, no importa que tan altas estén. No harás ruido y controlarás el sueño de tus presas. Beberás solo un poco y limpiarás la sangre de sus cuellos, al día siguiente despertarán sintiéndose débiles y creyendo haber tenido sueños extraños y seductores o terribles pesadillas, según el control que quieras ejercer en sus mentes —sus ojos se clavaron en los míos —, pero es importante que nadie sepa de nosotras, Taylor. Somos Proscritas y el nombre no es un capricho desafiante, es una realidad. Los Hijos De Las Tinieblas nos odian tanto como los Diurnos, es importante que evitemos sus bares y lugares de reunión, pues tu sangre es neófita y no tienes poder para resistirte si alguno de ellos suficientemente viejo intenta leer tus pensamientos. Probablemente eres más fuerte que cualquier joven de menos de dos siglos de edad por el sedimento de mi propia sangre y sin duda eres más peligrosa, por tu esencia mestiza, pero nuestro poder aumenta con el correr de los siglos y tu tiempo acaba de empezar. ¿Entiendes?

>>Asentí, devorando aquellas palabras y guardándolas claramente en mi memoria.

>>—Además hay reglas, amor mío, no somos bestias salvajes como puedes imaginar, incluso nosotras, que somos exiliadas haríamos bien en escuchar aquellos antiguos consejos. Tu memoria ahora es infalible y sé que vas a recordarlas, te aconsejo que no hagas oídos sordos a su simpleza: Nunca reveles donde duermen los nocturnos, a nadie, jamás. No reveles el nombre de ningún inmortal a los mortales. Nuestra especie es un secreto a los ojos del mundo y debemos permanecer en el anonimato, al menos de momento… —suspiró — son muy pocos los que quedan tras la última guerra, son débiles y vanidosos, ten cuidado con todos ellos. Puedes crear otros como tú, pero su poder dependerá de su pasión y entereza, y de la longevidad de tu sangre. Tu eres mi primera hija y llevas contigo cinco siglos de mi sangre sin perturbar, tienes todas mis capacidades y tu ardiente corazón probablemente consiga que con los años seas mucho más de lo que yo soy, pero debes elegir a quién heredas esos poderes, pues el paso a la inmortalidad, como sabes puede cambiar a una persona. Y crear otros como nosotras nos debilita, quizás si ahora decidiera entregar el Don Oscuro a alguien más no llegaría a conseguir ni la mitad del poder que tienes tú y si volviese a hacerlo es probable que solo consiga crear a un idiota de vida eterna. Recuerda esto, amor mío.

>>Permanecimos largo rato en silencio, hasta que la noche se apoderó del cielo y yo hube contemplado largamente las estrellas con ojos maravillados entonces ella se puso en pie. —Carga lo necesario y prepárate para un largo viaje.

>>Sonreí, divertida con la idea de un viaje a su lado —¿A dónde vamos?

>>—Para empezar, a beber, luego, no lo sé. A Gales, Londres, Paris, Madrid, Roma. El mundo es nuestro para hacer con él lo que queramos. ¿Cuándo tienes que volver a América?

>>—“Tenemos” —le corregí — ¿Vendrás conmigo, verdad?

>>—No quiero estar lejos de ti por nada en el mundo, claro que voy contigo.

>>Todo mi cuerpo se relajó al oír sus palabras.

>>—Te amo, Taylor. Mi hija, mi compañera, mi amante.

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